domingo, 22 de enero de 2012

Horas de trabajo, economía sostenible y responsabilidad social


La disminución del horario laboral es beneficiosa para los individuos, para el planeta y para la economía. Es la tesis central del trabajo de Juliet Schor, profesora de sociología del Boston College y autora de varios best-sellers sobre consumo y economía sostenible.

En su artículo “Menos trabajo, más vida” señala que los individuos con más tiempo libre no solo pueden atender otro tipo de aspiraciones personales y mejorar su calidad de vida sino que, al ganar menos, se acostumbran a gastar menos (y de manera más responsable) con la consiguiente disminución de impactos sobre el medio ambiente. Diversos estudios realizados en países europeos muestran que las familias que dedican más horas al trabajo compensan la escasez de tiempo libre con un mayor gasto en vivienda (casas más grandes con más electrodomésticos), transporte (a mayor jornada laboral, menor uso de transporte público), restaurantes y comida preparada. Es decir, consumen de forma menos saludable para ellos  y menos sostenible para el planeta. Y, por último pero no menos importante, desde una perspectiva macroeconómica la reducción de la jornada laboral constituye una estrategia de apoyo en la lucha contra el desempleo.

Estos planteamientos tienen como objetivo concienciar al público estadounidense, acostumbrado a interminables jornadas laborales. Sin embargo, Europa no presenta un escenario homogéneo. Los datos indican que los trabajadores del sur de Europa (pensemos en España, por ejemplo) trabajan muchas más horas y son menos productivos que los del norte… ¿O no? La trampa está en la expresión “trabajan muchas más horas”. En realidad, lo que sí hacen es pasar mucho más tiempo en los centros de trabajo, en respuesta a una política generalizada de “calentamiento de silla”, a la que todavía son adeptos un gran número de directivos.

Lo cierto es que, a pesar de las arrolladoras evidencias que existen en contra de la racionalidad y eficacia de tal enfoque, muchas empresas siguen valorando de forma positiva la presencia física de los empleados fuera de su horario de trabajo (de manera rutinaria y sin remuneración adicional, por supuesto). Se crean así entornos laborales opresivos, en los que cumplir el horario a rajatabla se considera una muestra de desinterés y falta de compromiso. ¡Adiós a la valoración del rendimiento por objetivos!  

Y lo peor es que esas larguísimas jornadas ni siquiera sirven para cubrir las apariencias. En este vídeo, que ha circulado a lo largo y ancho de Internet, un programa sueco se mofa sin recato de “la gente más trabajadora de Europa”.


Puede que cambiar el estilo y la cultura directiva de todo un país no sea tarea fácil, pero existen soluciones expeditivas para acelerar el proceso. En algunas empresas punteras de Alemania, al finalizar la jornada se apagan las luces de las oficinas. Sin necesidad de grandes estrategias ni de informes de actividad, resulta un ejercicio práctico y útil de responsabilidad social: la empresa ahorra energía y los empleados saben que hay una frontera clara entre sus obligaciones laborales y su vida privada.

Recientemente, Volkswagen anunció que los teléfonos inteligentes de sus empleados quedarán inhabilitados para recibir mensajes fuera de la jornada laboral, ya que considera una intromisión en su espacio personal esperar que estén permanentemente localizables. Cuando lo leí recordé el caso reciente de una colega, a la que su empresa “premió” con una BlackBerry con la condición de que estuviera disponible las veinticuatro horas del día. Lo peor del caso es que ella lo percibía como algo natural, dado su nivel intermedio de responsabilidad… En el fondo, sospecho que estaba bastante orgullosa de tal imposición.

Parece que entre España y Alemania aún hay demasiados kilómetros de distancia.