viernes, 6 de julio de 2012

El bancarizador que nos bancarice...

… buen bancarizador será? Yo pensaba que bancarizar era uno de esos “palabros” económicos de uso común en entornos profesionales, pero que aún no contaba con la bendición de la Real Academia Española de la Lengua. ¡Craso error por mi parte! El verbo bancarizar no sólo está incluido en el diccionario, con conjugaciones y todo, sino que ya está preparada la enmienda para la próxima edición. De momento, significa “desarrollar las actividades sociales y económicas de manera creciente a través de la banca”. En el futuro, bancarizar será “hacer que alguien o algo, como un grupo social o un país, desarrolle las actividades económicas a través de la banca”. ¡Ahora está mucho más claro! Ya sólo queda una duda: ¿Quiénes son los bancarizadores y cómo nos van a conducir al redil?

Mi periplo profesional me ha llevado desde uno de los países más bancarizados del mundo (España) a uno de los menos bancarizados de Latinoamérica (Argentina). Probablemente ha sido el único choque cultural que he apreciado en el proceso. Los españoles nacemos genéticamente programados para unir nuestros destinos a los de algún banco lo antes posible, y todo a nuestro alrededor está dispuesto para que no quepa ninguna otra alternativa.

Un médico amigo mío, llegado a ese punto de su existencia en el que uno hace balance y toma decisiones trascendentales, decidió que iba a vivir de forma más simple y auténtica y que el primer paso era cancelar todas sus cuentas bancarias: sólo consumiría lo necesario y lo pagaría en efectivo. Su experimento duró dos meses. Dos meses de pesadilla, según contaba después: el simple hecho de pagar la luz, el gas o el teléfono se convertía en una incomodidad y en una manifiesta pérdida de tiempo. Eso, sin contar las miradas desconfiadas que recibía cuando le tocaba admitir que no disponía de cuenta bancaria. Derrotado, terminó abriendo de nuevo una cuenta y, cual hijo pródigo que vuelve al hogar, recibió como regalo una batería de cocina (ancestral práctica para captar nuevos clientes y confundir al público, haciéndoles creer que la elección de un producto financiero es equiparable a la compra de boletos para una tómbola).

No cabe duda de que un acceso generalizado a los servicios financieros ofrece ventajas para todas las partes, pero también exige responsabilidades proporcionales a la magnitud de esas ventajas:  

Gobiernos. La bancarización permite ordenar y vigilar el flujo de los recursos en el sistema productivo. Para las autoridades fiscales, el historial bancario de empresas e individuos es como un código de barras que los mantiene identificados y controlados, desde el instante  en que declaran el primer ingreso formal hasta que pasan a mejor vida (bueno, a veces incluso después: gracias a los errores informáticos, se han llegado a reclamar multas por impago tributario a personas fallecidas). Como contrapartida, los poderes públicos son responsables de proporcionar un marco legislativo que proteja el juego limpio y los derechos de los consumidores, así como una supervisión eficaz que garantice el cumplimiento de las normas.

En los países menos bancarizados, el grado de informalidad económica suele ser elevado, con el consiguiente perjuicio para las cuentas públicas y, de manera indirecta, también para los ciudadanos. Sin embargo, no conviene caer en el error de considerar que la bancarización universal supone una formalización automática de las actividades productivas, porque no es así: la bancarización puede convivir perfectamente con elevados niveles de economía sumergida.

Entidades financieras. No hacen falta muchos argumentos para entender por qué a los bancos les interesa la bancarización; la propia frase es redundante. La teoría académica asegura que su papel es intermediar entre demandantes y oferentes de capital, facilitando el funcionamiento de la economía real. Sin embargo, en los últimos años hemos aprendido que las finanzas existen en su propia dimensión paralela, y que es posible ganar grandes cantidades de dinero realizando operaciones sin ningún fundamento tangible. 

La asociación sin ánimo de lucro Positive Money tiene una teoría (probablemente digna de análisis) según la cual la creación de dinero inexistente, por parte de los bancos, explica en gran medida la actual crisis financiera: los préstamos, descubiertos y otras formas de crédito son meros apuntes digitales, que el banco realiza sin necesidad de haber captado con anterioridad ese capital de los ahorradores. De esta forma, las entidades financieras privadas estarían invadiendo las competencias exclusivas de los bancos centrales en la creación de dinero, con la consiguiente alteración del equilibrio económico-financiero.

A cambio de tan privilegiada posición, como mínimo corresponde exigir a los bancos un escrupuloso cumplimiento de las leyes y de las normas éticas sobre transparencia y asesoramiento a la clientela. Cuando esto falla, ¿cómo se enfrenta una sociedad altamente bancarizada a una situación de colapso como la que se está viviendo en España? Me temo que con una seria añoranza de las épocas en que el dinero se guardaba en el colchón, y con muy poca disposición a apreciar las ventajas de la bancarización. Como suele suceder, el problema no es el sistema, sino el uso y abuso que algunos hacen del mismo.

Ciudadanos. La bancarización y las mayores facilidades de acceso al crédito son herramientas potencialmente útiles para el desarrollo de proyectos y emprendimientos productivos, pero no son ninguna panacea ni deben verse como un objetivo en sí mismas. Si no van acompañadas de un adecuado marco regulatorio, de una eficaz supervisión prudencial y de unos niveles de educación financiera que permitan a la población hacer un uso inteligente de los servicios bancarios y de la financiación recibida, cabe la posibilidad de que los riesgos superen a los beneficios.

En la actualidad, los organismos multilaterales de cooperación al desarrollo están tratando de incentivar la utilización de tecnologías móviles por parte de colectivos vulnerables, como vía para facilitar su acceso a algunos servicios financieros básicos. Está claro que la inclusión tecnológica abre muchas puertas, pero cabe discutir que la financiera deba ser la primera en abrirse. Las personas no se encuentran en situación de vulnerabilidad por hallarse al margen del sistema financiero formal, sino por vivir en entornos con carencias estructurales mucho más apremiantes, que deben ser objeto de atención prioritaria. Una política de inclusión financiera que no aborde tales carencias puede acabar resultando contraproducente. Como señala este excelente artículo publicado en Universia Knowledge@Wharton, lo que es bueno para los bancos no siempre es bueno para la gente. 

¿Bancarización? De acuerdo… siempre que vaya bien escoltada por toda la Trinidad Financiera: Legislación, Supervisión y Educación.